Una de las primeras decisiones que debe tomar un equipo emprendedor es cómo van a dividir los porcentajes del proyecto. Muchos intentan usar la matemática, o alguna fórmula “dada”, sin embargo este proceso es un arte, no una ciencia.
Lo más común es que los emprendedores sientan un ”espíritu comunitario” y dividan la participación en partes iguales entre el equipo (50-50/33-33-33/etc.). Sin embargo esto puede ser un error, que una vez hecho puede minar el futuro de la empresa.
Como dije no creo que exista una única fórmula. Lo importante es que el equipo emprendedor pueda sentarse a pensar el tema y se sientan cómodos con la decisión tomada, tanto en el momento de tomarla, como en el largo plazo.
Personalmente tengo una técnica que suelo usar y creo que me ha servido hasta ahora para no tener peleas con mis socios por este tipo de motivos.
Desde el principio, para pensar los porcentajes, divido en dos los aportes que los fundadores vamos a hacer en el ciclo de vida del proyecto. Por un lado, pienso en los aportes de cada uno para la creación del proyecto, para su proceso de puesta a punto inicial, para su planificación y su conceptualización. Es decir, pienso el aporte de cada socio que formará parte de la sociedad que vayan a lograr que la idea, se pueda transformar en un proyecto posible.
Estos aportes son los que yo suelo tomar en cuenta para la división de los porcentajes de las acciones de la sociedad (o porcentaje del proyecto en general).
Pero no suelo detener ahí el análisis. Hay una segunda parte, que si no se considera o se mezcla suele ser la que genera los problemas a largo plazo.
Esta segunda parte es pensar en el día a día del proyecto, en su funcionamiento, el aporte de horas de trabajo real que cada uno de los socios le va a dedicar. Aquí se abren dos alternativas para reconocer las diferencias que pueden existir entre los socios.
Por un lado, puede modificarse el porcentaje que por la fundación del proyecto se estableció, considerando, por ejemplo que el 50% se puede atribuir a los aportes para la fundación y otro 50% para distribuir distinto los aportes de trabajo posterior.
La otra alternativa, que sería la más recomendable en caso de ser posible, es poder retribuir el trabajo con remuneración, originada en los fondos del proyecto, y así quien más trabaje, más se llevaría, independientemente de cuánto hubieran aportado para el nacimiento del proyecto. Esta alternativa es además más recomendable porque permite su periódica revisión sin tener que modificar en su caso los porcentajes de tenencia de la sociedad.
El poder hablar todo esto antes de empezar un proyecto no es fácil, pero es necesario. Como dice el dicho: “Es preferible ponerse rojo al principio y no amarillo después”.













